A continuación, te comparto algunos de los malestares más comunes que atiendo en consulta



La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes e inabarcable. Es como si una parte de ti estuviera constantemente en alerta, tratando de controlar lo que no se puede controlar. Sin embargo, cuando se vuelve constante o desproporcionada, puede afectar seriamente tu bienestar. La buena noticia es que la ansiedad se puede tratar, y aprender a gestionarla puede cambiar tu vida.

El vacío existencial es la sensación de que “falta algo” incluso cuando externamente todo parece bien. Suele surgir al perder conexión con uno mismo o con lo que da sentido a la vida, y puede manifestarse como apatía, desconexión, desmotivación o tristeza sin causa aparente. A menudo aparece por falta de propósito o por vivir en piloto automático. La terapia puede ayudar a recuperar sentido y dirección.

Una ruptura puede ser uno de los momentos más dolorosos y confusos de la vida. Ya sea una separación reciente o una herida que sigue abierta, es normal sentirse perdido, frustrado o incluso culpable. La terapia te ayuda a elaborar el duelo, entender lo vivido, sanar tu autoestima y abrirte con calma a nuevas etapas. También puede acompañarte si estás en una relación que no te hace bien y no sabes cómo salir.

La autoestima es la base de cómo te relacionas contigo mismo y con el mundo. Cuando es baja, aparecen la autocrítica constante, la inseguridad, el miedo al juicio o la dificultad para tomar decisiones. A menudo, estos patrones vienen de experiencias pasadas que marcaron nuestra percepción de valor personal. En terapia trabajamos para que aprendas a verte con más claridad, respeto y compasión.

El estrés aparece cuando las demandas de la vida superan nuestra capacidad de respuesta durante demasiado tiempo. Puede venir del trabajo, de relaciones, del exceso de responsabilidades o incluso de una sensación constante de “tener que” rendir. Con el tiempo, puede generar agotamiento físico y emocional, insomnio, irritabilidad, falta de concentración. Aprender a poner límites, priorizarte y reconectar contigo es clave para salir de ese bucle.

Las relaciones humanas pueden ser fuente de apoyo… o de sufrimiento. A veces repetimos patrones que nos hacen daño, nos cuesta comunicarnos, poner límites o conectar de forma auténtica. En consulta trabajamos aspectos como la dependencia emocional, la dificultad para confiar, los miedos al rechazo o la agresividad pasiva. te invito a mirar con honestidad lo que haces, lo que sientes, lo que callas… y a elegir con más libertad cómo quieres vincularte. El cambio comienza en la presencia.

La tristeza es una emoción humana, necesaria y válida. Pero cuando se instala durante mucho tiempo o aparece sin motivo claro, puede convertirse en un obstáculo para vivir con plenitud. Te puede quitar energía, motivación, alegría o ganas de relacionarte. Acompañarte en ese estado, sin juzgarlo ni huir de él, puede ayudarte a entender qué necesita tu mundo interior y abrir la puerta a una transformación real.

La crisis de identidad aparece cuando sientes que has perdido la conexión con quién eres o con lo que realmente quieres. Puede surgir tras cambios importantes como mudarte, cambiar de trabajo, ser madre o padre, o vivir una pérdida o de forma más sutil, cuando empiezas a cuestionarte tu camino y tu lugar en el mundo. Esta sensación de confusión, inseguridad o de estar perdido puede dificultar la toma de decisiones y afectar tu bienestar. Trabajamos para que puedas redescubrir tus valores, fortalezas y tu historia personal, construyendo una identidad más coherente, sólida y auténtica contigo mismo.